Yo, ignorante
Hoy charlaba con una compañera de trabajo que ayer fue presidenta de mesa en las elecciones porteñas (no, no voy a hablar de su ominoso resultado) y me comentó que, al hacer el escrutinio, lo más tedioso había sido remendar las boletas rotas. "¿Qué decís?" –pregunté- "Las boletas rotas hay que impugnarlas". "No, para nada, se juntan los pedacitos y el voto es válido"...
Asombrado, busqué información en la página del Ministerio del Interior y encontré que, efectivamente, para que el voto sea nulo hace falta:
d) que el sobre contenga una boleta oficializada que por destrucción parcial, defecto o tachaduras, no contenga, por lo menos sin rotura o tachadura, el nombre del partido y la categoría de candidatos a elegir (por ejemplo, “elección de senadores nacionales”).
De acuerdo a esta norma, que aparentemente fue modificada y no publicada masivamente, ni siquiera hace falta que estén todos los pedazos (quedaría a la libre interpretación de la autoridad competente si "una boleta" significa que ésta esté completa); con que haya quedado intacta la parte superior del encabezado alcanza y sobra para que el voto sea válido.
En las últimas elecciones presidenciales, si esto ya estaba en vigencia, yo voté por alguien pero no sé por quién, ya que al ser mi intención que mi voto fuera impugnado no recuerdo en absoluto cuál fue la boleta que rompí e introduje en el sobre. No es que crea que mi voto valga algo, descreo totalmente del sistema electoral, pero no deja de producirme cierta inquietud esa situación. Dicen que mal de muchos es consuelo de tontos, lo que es una verdadera tontería, y el comentario de mi compañera me sugiere que es mucha la gente que, como yo, desconoce esto y rompe boletas con la intención de que su voto sea invalidado (claramente no hay otro motivo para romperlas) y otorga ese voto a algún candidato, tal vez escogido por el más puro azar o incluso, por qué no, tratando de expresar un repudio en particular (aunque el voto fuera igualmente nulo, la persona podría sentir interiormente que no es lo mismo romper la boleta de un candidato que la de otro).
La pregunta del millón sería: ¿Cuántos porteños habrán roto boletas del PRO? (¡Caramba, terminé refiriéndome al ominoso resultado!)