Mala facha
El viernes salí del trabajo y fui hasta el sitio donde para el colectivo que me lleva hacia mi casa. Éste se encuentra a unos veinte metros del inicio de una autopista, lugar en el que desde hace años hay un puesto de control policial en el que un par de agentes cada tanto detiene un automóvil para verificar la documentación; jamás los había visto hacer otra cosa ni interrogar a un peatón. Sin embargo esta vez, después de un rato de espera, uno de ellos dejó su puesto y se acercó a la parada, donde estábamos seis personas de distintas edades y sexo, encarando directamente hacia mí. Pensé que iba a pedirme un cigarrillo ya que casualmente yo había prendido uno en el momento en que empezó su caminata, pero en cambio me preguntó "¿Qué está haciendo por acá? ¿Vive en la zona?" "Trabajo acá en la esquina" contesté. "Eso es muy raro, yo siempre estoy en este puesto y nunca lo había visto antes." -¿?- "Yo tampoco lo había visto a usted, pero tomo el colectivo todos los días en este mismo lugar a esta misma hora." "Mmm... es raro. ¿Tiene documentos? Déjeme ver sus documentos." En eso llegó el bondi y el agente tuvo la cortesía de devolverme el DNI justo a tiempo para que pudiera subir. No me sorprendí ya que estas cosas me pasan habitualmente. La vez anterior, hace unos meses, desde un patrullero me pidieron que me detuviera a una cuadra de mi propia casa, bajaron mostrando las armas y después de revisarme preguntaron "¿Dónde vive?" "Ahí" señalé con el dedo. "¿Y por qué caminaba tan rápido?" -¿¿??- Porque quería llegar hasta ahí, tuve ganas de contestar. Tanto me intriga la regularidad de estos hechos que hice encuestas entre otros cuarentones padres de familia y me dicen que estos episodios, a lo sumo, son recuerdos de una lejana juventud... Tal vez debería sentirme orgulloso de seguir viéndome joven.
No pasa sólo con la policía: me causa gracia recibir esos mails sobre prevención de robos que dicen que si estoy por cruzarme con una persona que me parezca sospechosa me desvíe hacia la otra vereda, ya que estoy acostumbrado a ver que los demás hacen eso cuando camino solo de noche. Mi aspecto físico no es nada intimidatorio (peso menos de 60 kilos) así que debe haber algo en mi expresión o en la forma de moverme o quizás algún aura inexplicable que me convierte, entre un grupo cualquiera de gente común, en alguien peor prejuzgado que el resto. Algunos allegados, cuando planteo esa teoría, hablan de falta de autoestima o complejos psicológicos pero la estadística dice otra cosa. Hasta que averigüe qué es lo que pasa conmigo y por si acaso, les recomiendo que por su seguridad tomen las debidas precauciones.