miércoles, febrero 20, 2008

Países imaginarios

En Ruritania está la prisión de Zenda, o al menos así imaginó un tal Anthony Hope a fines del siglo XIX. Las dudas surgen cuando uno lee que, según un grupo de jóvenes ingleses recientemente encuestados, Winston Churchill fue un personaje de ficción y en cambio Sherlock Holmes fue real. Ruritania, hoy en día, bien podría existir.

En 1903 el gobierno colombiano de entonces no parecía demasiado dispuesto a aceptar las solicitudes de su par yanqui, o quizás requerían coimas demasiado onerosas, para que sus capitales privados retomaran y concluyeran las obras del canal de Panamá; condiciones que incluían la cesión de soberanía de una extensa zona a ambos lados del mismo a los Estados Unidos de América. La solución que encontró Teddy Roosevelt fue la más práctica: contactó a algunos influyentes ciudadanos provinciales y los invitó a declarar la independencia del istmo, garantizándola con la movilización previa de buena parte de la hipertrofiada U.S. Navy a la zona en cuestión para proteger al nuevo país frente a una posible invasión de su vecino hostil, Colombia. Por supuesto el gobierno del nuevo país otorgó a los yanquis lo que ellos reclamaban e incluso un poco más, como las enormes bases militares que aún poseen en el territorio.

El último domingo declaró su independencia de Serbia la región autónoma de Kosovo, declaración que fue festejada por sus habitantes con banderas albanesas y... yanquis. Esta región de los Balcanes es estratégica para lo OTAN, que según dicen tiene allí ya cerca de una decena de miles de efectivos, lo que significaría un soldado extranjero por cada doscientos habitantes, nada menos. Se sabe que Serbia nunca fue un gran aliado de la OTAN y, de hecho, salvo en el ínterin de su versión soviética, siempre se alineó tras la eslava y ortodoxa Rusia. La justificación oficial, la de la "autodeterminación de los pueblos" (Mazzini y sus contemporáneos ya son polvo hace rato) siendo que el 90% de su población es de lengua y etnia -para otro artículo quedan mis resquemores sobre la validez del concepto "étnico"- albanesa, es echada por tierra al enterarnos que una de las principales condiciones puestas por EE.UU. para apoyar su independencia es que, de ningún modo, soliciten después una unión política con Albania. Claro que no todo es geopolítica en esta vida y si uno continúa leyendo, descubre que en el territorio de Kosovo se encuentra la enorme mina de Trepca, el mayor yacimiento de metales y diversos minerales en Europa, que actualmente está a medias desaprovechada por falta de inversión y que, según seguimos leyendo, tiene prometidas importantísimas inversiones de capitales privados yanquis y británicos, países cuyos gobiernos se apresuraron a reconocer la independencia de Kosovo atolondradamente, más allá del consenso internacional.

Lejos de mi intención está provocar las iras de orgullosos panameños o de algún igualmente orgulloso kosovar que entienda castellano, pero las similitudes entre ambos casos me parecen asombrosas, y también la coherencia de la política exterior yanqui durante el último siglo. En el caso doméstico y cotidiano todo esto se reduce a que mis hijos tengan que memorizar un país más para sus exámenes de geografía (sería interesante una encuesta del tipo que refiero en el primer párrafo entre los jóvenes argentinos acerca de la existencia o no de Leandro Alem y Martín Fierro, por ejemplo), países que en una importante proporción, según entiendo, no existen: tomemos por caso a las Islas Marshall. Según los libros y la misma ONU este archipiélago de 63.000 habitantes (entrarían cómodamente en cualquier buen estadio de fútbol porteño, por ponerlo en perspectiva) es un país independiente. Este grupo de islas, en la tardía disolución del imperio español, fue vendido a Alemania, tras la primera guerra mundial pasó a ser un "mandate" (eufemismo por colonia) del Japón y tras la segunda pasó en la misma condición a manos de los Estados Unidos. Estaría bárbaro que esta buena gente tuviera independencia pero resulta que uno sigue leyendo y encuentra, en el apartado de comercio exterior, que sus exportaciones (pescado y aceite de coco) son en un 80% a EE.UU., y sus importaciones son en un 51% de EE.UU. y en un 15% de Guam; recordemos que Guam es una isla muy cercana a ese archipiélago, propiedad de los Estados Unidos, en la que éste tiene su mayor base militar del Pacífico, como gentil advertencia ante cualquier intento de cambiar su política de comercio exterior. ¡Viva la independencia de las Islas Marshall y de Ruritania!

2 comentarios:

Cinzcéu dijo...

El caso de Panamá es muy parecido al de Kuwait, que era un puerto iraquí, y quizás al futuro de las Fuckland o de Guantánamo. Y está el caso de Bangladesh, comparable al de Uruguay y tal vez al de Kosovo. Y el de Argentina, Kenia, Alemania... y China, porque los hay inverosímiles por lo ínfimos y por lo inmensos. Como cantaba La Polla Records, "un país es un invento, un país es una estafa".
A propósito del tema, conocí a una persona que tenía su pasaporte sellado por Bratislava (¿?): cruzó la frontera con Austria en plena división checoslovaca y, a falta de certeza sobre el país que habitaban, los bratislavos se habían hecho su propio (literalmente) sello nacional.
¿Kosovares con banderas yanquis? Evidentemente la humanidad es una sola y su necedad no reconoce "etnia", lengua ni frontera.
Muy buen artículo. Y un gran abrazo.

Fede dijo...

Muy buen artículo. Se hace cada vez más necesario (a) ir más allá de los primeros análisis mediáticos y, sobre todo, (b) desarmar palabras como "independencia" o "libertad" que, de tan sucias, hay que pasarles una buena manguereada de tanto en tanto.
¡Saludos!