domingo, noviembre 13, 2005

Un viejo juego

Al hacer el comentario al post anterior recordé este soneto: En el momento de escribirlo no pensaba en ninguna lectura previa, pero luego me di cuenta de que el concepto final es netamente borgeano, ¿no?

Como en una partida de ajedrez
la mayor esperanza del peón
es alcanzar una coronación
que revierta un destino de escasez

y es común que cumplida esa ambición
si llega a coronar alguna vez
olvidando su antigua sencillez
la pieza sobrestime su función

entonces presumida en el tablero
alguna marcha oblicua y otra salta
sobre la posición de un compañero

pero de la menor a la más alta
cualquiera es descartable por entero
cuando al Gran Jugador no le hace falta.

5 comentarios:

Cinzcéu dijo...

Por supuesto. Borges tiene dos sonetos sobre el ajedrez y este final se parece mucho al del 2do, el que explicita (en el propio poema) que la metáfora fue tomada de Omar Khayyam (no, no, no es de Al Qaeda, es del siglo XI). Por lo tanto, "Un viejo juego" es la necesaria e incesante reescritura de lo viejo (como nos enseñó Borges, entre otros) para decir cosas viejas... y otras nuevas.
Curiosos, vean, por ejemplo: http://www.metajedrez.com.ar/borges.htm

Cinzcéu dijo...

Y ya que me puse serio y en ese lugar entre filósofo de la semiosis y crítico de literatura, mando un remate como para solapa de libro:
"¿De qué "viejo juego" nos habla el soneto de 1+? ¿Del ajedrez o de la cultura? ¿O de la cultura del ajedrez que es la mirada especular del ajedrez de la cultura? Quizás de ambas y de otras que aún no seamos capacez de comprender."
Ok, ok, ya me voy...

1+ dijo...

También pueden encontrar esos dos sonetos, dentro de El Hacedor, en el link que acabo de agregar al blog.
Tiene algunos errores de copiado (en este caso particular el verso debería decir "de negras noches y DE blancos días") y desprolijidades de diseño, pero una gran cantidad de textos magistrales.

El Mono Sapiens dijo...

Interesantísimo blog. Me alegro de empezarte a conocer. Hoy el cansancio laboral me vence y ya vendré a recorrer tus escritos con más tranquilidad. Por lo pronto solo podría decir que en un final de partida, si el peón avanza decidido, el contrario no tendrá más remedio que sacrificar hasta su más preciada pieza para frenarlo. Los peones tienen ese no sé que de insectos molestos, de enanos subrepticios que se infiltran en una amenaza imposible pero cómica. Nos vemos, nos leemos, un fuerte abrazo de mono.

Grismar dijo...

De Borges y los sonetos no digo nada porque estaría repitiendo lo ya dicho, o remitiéndome a tu comentario, 1+, en el post previo. Cuando lo leí recordé que en algún momento de mi ingenua adolescencia quisieron enseñarme a jugar al ajedrez y dije que ni loca quería jugar un juego en el que los peones fueran carne de cañón de la monarquía (además me puse a discutir que esa cosa oblicua del alfil me sonaba a imagen homofóbica, así que no era una edad de opiniones muy claras).
Interesante solapa para libro, Cinzcéu, sería más interesante aún leer el libro.