martes, enero 22, 2008

Guinõ gastronómico

Este último fin de semana se me antojó cocinar, cosa que no hacía desde hace algún tiempo (tirar un bife en la plancha o hervir un paquete de fideos no es cocinar, no jodan). Previsiblemente, opté por una receta propia que doy en llamar "potaje", a secas: hace un par de décadas que la vengo haciendo, la han disfrutado muchos comensales con gustos muy distintos y todos, sin excepción, la han elogiado. En un plato vegetariano aunque yo no lo soy (ni vegetariano ni un plato, claro) y básicamente lo que se necesita es una buena variedad de verduras y bastante paciencia. Señora mamá: ¿usted quiere que su hijo coma verdura y no lo logra? ¡Hágale un potaje! El resultado es bastante dulce y le aseguro que él no va a dejar ni un poco. A través del tiempo he variado algunos ingredientes secundarios de acuerdo a lo que tenía disponible en el momento, pero les describo la receta tal cual la hice esta vez.

Se pican dos cebollas, dos dientes de ajo grandes y un morrón, se riegan con un generoso (bueno, tampoco la pavada) chorro de aceite y se rehogan en el fondo de la olla; luego se agregan, junto con un poquito de agua, una lata de tomates pelados (en otras ocasiones les doy un golpe de hervor para pelarlos, pero esta vez compré una lata –no lo recomiendo-) y una zanahoria grande rallada. Con esto tenemos lo que podríamos llamar una salsa base; a ésta se le van sumando, mientras se añaden discretas cantidades de agua (no queremos obtener una sopa), tres papas medianas y medio anco cubeteados lo más pequeño posible (reitero: tampoco la pavada) y, también cortados en rodajas lo más finas posible, un tallo de puerro, dos de verdeo y algunos de apio de la parte superior de la planta, que no tienen tanta fibra. Finalmente se agrega una lata de choclo cremoso y se condimenta a gusto (en este caso con sal, comino, pimienta de Cayena y un chorro de malbec, porque fue lo que encontré en la alacena); y ahora comienza lo más importante: muy pronto encontrarán que todos los ingredientes ya están cocidos y son perfectamente comestibles pero lo que tenemos en la olla es un grupo de sólidos y cierta cantidad de líquido y ese no es mi potaje. A partir de ese momento hay que dejarlo cocer durante un par de horas (al menos dos y si son más mucho mejor) a fuego mínimo y revolviendo con cuchara de madera regularmente (cada cinco o diez minutos, digamos, y manteniéndolo bien tapado mientras no se revuelve) hasta que tome la consistencia de una crema espesa y el color, tanto como el aroma y sobre todo el sabor, se hayan homogeneizado casi por completo. Entonces sí: servir en platos hondos y... ¡Bon appétit!

Las cantidades que apunto alcanzan para unas seis porciones abundantes, es decir una comida para tres personas, ya que hasta ahora nunca ocurrió que los comensales no pregunten ansiosamente si es posible repetir. Ah, por último: si llevan a la práctica esta receta y son elogiados por el resultado, no dejen de mencionar que les pasó la data este humilde servidor.

domingo, diciembre 23, 2007

Leyendo nada

Anoche, de puro aburrido, me puse a leer el suplemento de Clasificados de Clarín del domingo pasado, que está en mi poder en razón de una hasta ahora infructuosa búsqueda inmobiliaria. El 90% del suplemento, como es lógico, está dedicado a las secciones Inmuebles, Automotores y Empleos (utilizo los mismos colores que el editor). En este último hay algunas cosas para comentar: encuentro que los avisos más llamativos, por tamaño y diseño gráfico, son de una agencia que, asociada con CTI, te invita (prácticamente te obliga, a pesar de una alternativa vía web que el discurso publicitario pone en muy segundo plano) a postularte mediante el envío de un mensaje SMS; al pie y con letra pequeña informan que el costo del mensaje es $0,40 más IVA más otros impuestos. Obviamente, la única respuesta a ese mensaje de texto puede ser otro que nos indique concurrir a una primera entrevista o enviar de algún modo nuestro CV (inevitables métodos, de hecho, para saber quién es el postulante) pero para acceder a esa primera instancia previamente hay que pagar.

Sobre el final de esa sección empiezan los avisos realmente interesantes para quien, como yo, simplemente está perdiendo el tiempo. Hay uno que explica por qué resulta tan difícil encontrar lo que uno busca: en empleos ofrecidos del rubro 35, Enseñanza, capacitación y otros, encontramos un aviso que dice: "ESCUELA Por cierre Vende Muebles". Creo difícil que quien esté buscando trabajo como docente a la vez quiera comprar muebles usados, o que quien esté buscando éstos revise el rubro en cuestión. Más específico aunque igualmente desubicado resulta el aviso publicado en empleos ofrecidos del rubro 37, Oficios y ocupaciones varias: "ACTRIZ Rubia Tipo Extranjera s/Hijos p/Noviazgo c/Abogado 45 añ". ¿El noviazgo es un empleo? Si el tipo piensa en una relación remunerada, ¿no debería publicar en la sección Rubro 59 (ver más adelante) que en el rubro 60, Hot Chat, muestra algún aviso por el estilo?

En el 10% restante del suplemento se amontonan otras cuatro secciones que no aparecen en la versión web. La primera se llama Servicios y su rubro más interesante es sin duda el 55, Astrología y Tarot. Todos los avisos apuntan a lo que en su jerga llaman amarre, y algunos son más específicos: "En minutos atado y doblegado a sus pies de por vida". Es complejo entender qué busca cierta gente de una relación de pareja (aunque después de lo del abogado de 45 añ vale todo). También son ininteligibles para quien no entiende esa jerga sus métodos: uno utiliza "Alta Magia Negra y Roja" (¿el Tata Martino?) y otro lo hace "Rezando el Puro Cubano" (¿un Partagás?). El más grande y por tanto más costoso de los avisos es un cabal ejemplo de la retórica chanta: comienza hablando del "DIOS y REY de los CORAZONES ROTOS, UNICO AUTORIZADO POR LA CORTE MUNDIAL DEL ESPIRITISMO" para finalizar con "Garantía total a traves de la Liga Santera": una joya. A propósito, no olviden que este blog está afiliado a la Junta Universal de Bloggers Pelotudos y mis opiniones estás avaladas por la Asamblea Permanente de los que Dicen Huevadas.

La siguiente sección, Contactos, es mínima: apenas unos diez centímetros en una columna, ya que el único rubro en el que se publica, el 58, Agradecimientos, consta de avisos de una sola línea agradeciendo a diversos santos (San Expedito gana por afano). Uno dice "GRACIAS [...] por las gracias recibidas"; espero que el santo no agradezca a la vez estas gracias porque sería como el cuento del gran bonete. El único aviso que rompe la regla es por lo menos inquietante ya que no se sabe a quién está dirigido: "HICE Lo Imposible y no se que es lo que hice mal. Confie. Te necesite Te busque y de tu parte nada. Cumpliras lo del 15 Ene?". No sé a ustedes pero a mí me asusta... si estuviera dirigido a una persona de carne y hueso sería más adecuada la vía del mail, el llamado telefónico, etcétera, en lugar de un aviso en un medio masivo que cuesta, según el cuadro tarifario, $33; así que supongo que se dirige a alguna especie de entidad del tipo Cthulhu: yo, el 15 de enero voy a estar especialmente atento...

Luego viene una sección llamada Mix que, obviamente, trae de todo como en botica. Tal vez el aviso más llamativo sea el único publicado en la opción de venta del rubro 69, Relojes, joyas y regalos: "LLAVERO acrilic p/foto"; quiero creer que se comieron la s del plural y al menos tienen un container lleno de esas podorradas, porque lo que el aviso dice textualmente es que venden un (1) llavero de acrílico. Así llegamos a la última página y a la sección Rubro 59, que abarca al rubro homónimo y un par más. Creo recordar que el rubro número 59, dedicado a la oferta de prostitución, se llamaba "Servicios útiles para el hombre y la mujer" o algo así; ahora encuentro que ese eufemismo fue remplazado por la simple denominación numérica, que refiere no sólo al rubro sino a una sección completa, pero lo más interesante es que, a la vez, al tomar esa denominación ha abanado el ordenamiento que le daba significado a su nombre desplazándose al final, detrás del rubro 71, y eso en un suplemento que desde su título mismo apunta a cierta clasificación sistemática que debería ser estricta y rigurosa para no perder su sentido... Todo un detalle semiológico cuyo análisis, aunque habría que profundizar, no tengo ganas de encarar ahora.

jueves, diciembre 13, 2007

Los verdaderos hinchas

Existe en Villa Lynch un club llamado Ferrocarril Urquiza que milita en 1ªD, la categoría más baja del fútbol argentino. Su historia deportiva no es demasiado exitosa sino más bien todo lo contrario; no sólo es uno de los únicos dos o tres clubes que jamás festejó un ascenso sino que cuenta con un récord nefasto: en 1986 la A.F.A. dispuso que, a falta de otra categoría a la cual descender, en 1ªD el último clasificado sufriera la desafiliación durante un año (para un club y sus hinchas es sin duda un descenso... a los infiernos: un año entero sin jugar); El Furgón, como le dicen sus simpatizantes, ya ha sido desafiliado por ese motivo seis veces. Cada vez, "Los Mismos de Siempre", su muy escasa pero más que fiel hinchada, ha esperado pacientemente para volver a alentar al equipo con toda su pasión. Uno de esos hinchas es un compañero de oficina y me prestó la grabación de una entrega del programa 13 tribus, dedicada a ellos. Lograron emocionarme y no puedo dejar de comentarlo.

El programa, emitido por Ciudad Abierta, el canal que Macri va a eliminar del organigrama de su empresa de más reciente adquisición: C.A.B.A., comienza con él (mi compañero, no Macri) en mitad de la cancha describiendo las pobres pero dignas instalaciones y diciendo orgullosamente que es una de las mejores canchas del ascenso. Quienes estén acostumbrados a visitar bomboneras, fortines o gasómetros quizás puedan tomar para la burla su orgullo, pero hay que verlo en perspectiva; en esa cancha juega como local, por ejemplo, Central Ballester -club más grande que El Furgón- porque perdió la suya. ¿La perdió en un remate judicial? Nada de eso: fue ocupada durante un receso veraniego y se construyeron en su predio viviendas precarias, conformando lo que es hoy la villa La Cárcova. Son cosas que pasan en este mundo, acá a la vuelta de la esquina, aunque no sean a menudo reproducidas por los medios.

Desde la misma perspectiva vemos claramente las diferencias entre el comportamiento de estos hinchas y el del público que asiste a los grandes estadios, donde los individuos se transforman en un número más y se dedican a putear al plantel amparados en su temporal anonimato. Acá no hay anonimato posible, cada quien es cada quien sin renuncia a su propia identidad y son, literalmente, los mismos de siempre, esos que conocen a los jugadores y que los jugadores conocen. Ante el error no surge el insulto agraviante, sino el lamento compartido con el futbolista y el grito de aliento. Incluso el hincha puede llegar a cumplir un rol importante en el juego mismo, ya que desde su posición privilegiada puede, por ejemplo, avisarle a un defensor que le ganaron la espalda y probablemente, ante la ausencia de mayores interferencias sonoras, el tipo escuche y tome la marca: una maravilla.

Mi compañero muestra también una enorme carpeta en la que, además de todos los recortes de los medios gráficos acerca del club, recopila las más detalladas estadísticas sobre el equipo desde su afiliación a la A.F.A. en 1970 hasta el presente. A falta de otras fuentes accesibles, él las armó artesanalmente luego de meses de asistir a la hemeroteca del Congreso y a la biblioteca de la A.F.A. para recabar la información necesaria. Es que ellos, este grupito de hinchas incansables, son los responsables de llevar las únicas estadísticas oficiales, de encargar y pagar una plaqueta para el jugador que llega a su partido número cien (recibida con asombro: el tipo, obviamente, no lleva la cuenta), de actualizar con sus colaboraciones la página que enlazo. Ellos, de manera nada figurada, son el club, en una medida en la que ningún hincha de una institución más grande podría serlo.

Un párrafo aparte merecen las increíbles anécdotas que cuentan, como la de ese partido contra Atlas que, al haber sido postergado, se disputó luego de finalizada ya la temporada. Tuvieron que jugar desde el arranque con diez hombres porque... no lograron convocar a más jugadores; atajó un marcador de punta izquierda y debutó (a la fuerza) un pibe de 14 o 15 años. Para colmo, el árbitro no quería dejar jugar a uno de ellos porque no tenía las reglamentarias canilleras: la solución, efectiva en la emergencia, fue fabricarle unas de cartón corrugado recortando una caja de alfajores que encontraron por ahí.

¿Por qué cuento todo esto? Simplemente porque creo que en este país, en donde las noticias sobre los procesos judiciales a Alan Schlenker o a Rafael Di Zeo no aparecen en la sección Policiales sino en Deportes, estos hinchas, los verdaderos hinchas, se merecen al menos un humilde homenaje. Son gente de barrio, laburante y honesta, que le pone el hombro incondicionalmente a su querido club de barrio sin pedir prácticamente nada a cambio... salvo, tal vez, ese gol tan oportuno que los salve de la séptima desafiliación y les permita, al año siguiente, seguir soñando con el ansiado y nunca logrado ascenso a 1ªC. Ellos festejarán ese gol con tanta o más euforia de la que otros reservan para festejar campeonatos año por medio, y de más está decir que está muy bien que lo hagan: nada más justo, nada más merecido que su alegría.

martes, noviembre 27, 2007

Bajo presión

Parece que últimamente está de moda en los blogs hacer listas: de films, de canciones, de gustos o preferencias. Tal vez las más maratónicas de esas listas sean las que encontré en el blog de Beto: primero listó cien álbumes de música y acaba de complementarlo con ciento una películas de cine (en ambos casos incluye muchísimas indudables joyas); pero lo que me resultó llamativo de sus listas fue el título que eligió, "para una isla desierta". Inmediatamente mi mente se puso a divagar, como es su costumbre, y me planteé que, si pensamos en un exilio voluntario, llevarse semejante bagaje cultural entraría en contradicción con la decisión de aislarnos y si, en cambio, pensamos en un destierro forzado, no imagino qué autoridad tan benevolente nos permitiría llevarlo, además de a los mecanismos para su reproducción y una fuente de energía (¿solar?) que los hiciera funcionar. El siguiente paso, ya muy lejos de Beto y su blog, fue imaginarme que efectivamente yo era condenado al destierro (hipótesis totalmente anacrónica ya que hace mucho que los gobiernos se decantan por los más expeditivos métodos del secuestro y el homicidio). Fue más o menos así:

Se presenta en mi domicilio un grupito de soldados para comunicármelo oficialmente y acompañarme al puerto, asegurándose de que me vaya. El suboficial al mando me informa que se me otorgan unos escasos minutos para armar un bolso, en el que me es permitido incluir diez libros; con un típico gesto dramático, mientras lo dice vuelca el mueble desparramando mi escueta biblioteca por el piso. Lo primero que noto es que habría muchísimos libros que llevaría pero no están en mi poder, bien por haberlos prestado y nunca recibido de vuelta [*] o bien por haberlos leído de prestado y sí devuelto. Encuentro por ejemplo que no tengo nada de Borges, aunque los cuentos de Ficciones y El Aleph son una parte importante de mi formación literaria; tampoco nada de Kafka... ni de Poe... pero en ese momento el suboficial me atina un voleo en el orto (yo estoy en cuatro patas revolviendo los libros) y me dice que el barco no va a esperarme todo el día. ¡A elegir!

1, 2, 3) Eric Hobsbawm: La era de la Revolución, 1789- 1848; La era del Capital, 1848- 1875; La era del Imperio, 1875- 1914. Acá intento argumentar que, a pesar de haber sido escritos en décadas consecutivas, no se trata de tres libros sino de una obra en tres tomos (el cuarto tomo es Historia del siglo XX, pero actualmente está [*]) a lo que me responden que un libro es un libro y estos son tres y que no me haga el vivo porque me llevan sin bolso alguno. Igualmente los cargo, porque son libros de cabecera y referencia constante, y supongo que en la isla desierta me ayudarán a recordar cómo viene la mano y por qué las cosas son como son.

4) Julio Cortázar: Historias de cronopios y de famas/ Un tal Lucas. Sería duro vivir sin releer nunca más a Cortázar y, más allá de sus increíbles novelas y sus maravillosos cuentos, la faceta que más me gusta de él es la de estas viñetas brevísimas y geniales. Lo que encuentro en el piso son los dos volúmenes por separado, pero recuerdo que hace un par de años Alfaguara y Clarín sacaron una colección de obras completas que juntaba a ambos en un solo volumen, y que se lo regalé a mi hijo, así que le doy a él mis dos libros y le pido que corra a traerme el suyo (hecha la ley, hecha la trampa).

5) Umberto Eco: El nombre de la rosa. Una novela perfecta. A pesar de sus demasiado extensas parrafadas en latín, muestra un argumento que supera con creces a cualquier otra obra de suspenso e intriga (ahí por el piso también andan los cuentos del homenajeado Conan Doyle), una impecable reconstrucción histórica y una maestría para la narración literaria que da envidia... No era esperable otra cosa de Eco puesto a escribir ficción.

6) Kurt Vonnegut: Las sirenas de Titán. Como con Cortázar, sería muy triste no poder releer a Vonnegut. La elección se hace difícil porque tengo casi todas sus novelas (aunque Galápagos está [*] y Payasadas está tan [*] que no tengo la menor idea de a quién se lo habré prestado) pero me quedo con Las sirenas por cuestiones sentimentales. Es uno de los primeros libros que leí de él y me apasionó de tal modo que quise conocer toda su obra; además hay algo que lo distingue: es el único libro en mi vida que fue [*] y volví a comprar, no por haberlo encontrado casualmente sino por haberlo buscado y preguntado por él en muchas librerías... todo un detalle.

7) Gabriel García Márquez: Cien años de soledad. No dudo entre éste y el otro par de libros de Gabo de los que dispongo: es su obra cumbre, más allá de lo mucho que escribió antes y después. Prosa poética en su más alto nivel, personajes entrañables y verosímiles en su actitud ante un mundo inverosímil, que por supuesto no es otro que éste. No quiero irme por las ramas, simplemente me lo llevo.

8) Alfred Jarry: Gestas y opiniones del Dr. Faustroll, patafísico. Un viaje fantástico y surrealista por el círculo vanguardista parisino de las postrimerías del siglo XIX, del cual se nos escapan muchas referencias sarcásticas por no haber participado en él. Así y todo, un libro que comienza con un acta notarial de desalojo (con sello y todo) y culmina con un teorema para calcular la superficie de Dios (sic) merece ser leído aunque más no sea para averiguar cómo conectar ambos extremos.

9) Alejandro Dolina: Crónicas del Ángel Gris. El mismo autor lo desacredita en la introducción diciendo que simplemente se trata de una recopilación de artículos aparecidos en revistas, pero yo quisiera llevarme al mundo entero y el mundo no sería mundo sin el barrio; calculo que la compañía de Manuel Mandeb, el ruso Salzman, Jorge Allen e Ives Castagnino será mucho más cercana a mi corazón en solitarias sobremesas que la del Dr. Faustroll o la de Adso de Melk, sin duda.

10) Stanislaw Lem: Cyberíada. Primero manoteo del suelo Como agua para chocolate de Laura Esquivel, flor de novela, pero al instante caigo en la cuenta de que es propiedad de la madre de mis hijos (yo mismo se lo regalé) y sólo comparte la biblioteca como nosotros compartimos la casa sin ser ya pareja; en la situación en la que estamos viviendo sería inútil pedírselo. Así que, de última, meto en el bolso el libro de Lem, bastante mediocre en general pero con algunos cuentos realmente muy buenos. Como en el caso de Las sirenas pesa la historia personal y los aspectos emocionales, asociados a mi juventud: quizá haya sido el libro que más he regalado en aquellas épocas, porque había una librería del barrio que tenía una enormísima cantidad de ejemplares en la mesa de ofertas a un precio risible.

Me calzo el bolso en bandolera, les doy besos a mis hijos y me voy, a tiempo para darme cuenta de que no llevo ningún libro de poesía... No importa: a la poesía, más que al resto de lo leído, me la llevo puesta.

jueves, noviembre 22, 2007

Dueto: Tom Waits & Shane Sings

Cinzcéu, blogger que sabe más que yo sobre temas de comunicación social aunque más no sea por haberle dedicado mayor tiempo a su análisis, ya se ha referido varias veces a que internet no representa en modo alguno una fuente de información por sí misma y a las confusiones que se generan por considerarla como tal. Yo no voy a teorizar, simplemente quiero contarles un ejemplo reciente. Estaba buscando temas musicales que pudieran remplazar al "Serenade To A Cuckoo" de Jethro Tull que ya hace bastante tiempo tengo enlazado aquí y, entre otras cosas, encontré esta interesante versión de "What A Wonderful World":



"¡Guau! ¿Waits y Cave juntos?" pensé... El estilo vocal bien podría encajar con el de Tom Waits y alguna rareza en su registro bien podría atribuirse a un bourbon de escasa calidad, pero yo tengo el vicio de investigar y Google es una herramienta formidable para hacerlo. No me llevó muchos minutos descubrir que en realidad esa versión fue grabada por Cave junto a Shane MacGowan (cantante de The Pogues) en 1992. En otro par de minutos encontré cuál fue posiblemente el origen del dato erróneo: sería creíble que el usuario haya subido la canción desde un CD que recopila colaboraciones de ambos artistas con otros músicos, pero ninguna en común.

El error no importa demasiado; el problema más grave es que, además de que muchos no se toman el trabajo de verificar la información, este universo blog muestra una tendencia a la reproducción de ésta en proyección geométrica. Es muy posible que mañana alguien publique una lista de la discografía de Waits que incluya "What A Wonderful World" junto a Nick Cave (después de todo, el dato "está en internet") y dentro de un mes millones estarán haciendo cantar al buen Tom una canción que jamás grabó.

jueves, noviembre 08, 2007

Apaguen los parlantes

Según dicen el cine nació en 1895 cuando los hermanos Lumière, burgueses de Lyon, filmaron con un novedoso aparatejo a los obreros que salían de su propia fábrica. Yo creo que nació después, cuando se empezó a utilizar esa herramienta para narrar historias. Desde entonces nos ha ofrecido sencillas y tiernas comedias románticas, durísimos y necesarios dramas testimoniales, supuestas fantasías futuristas que denuncian el presente y exposiciones oníricas que nos acercan un poquito más a nosotros mismos. Y también efectos especiales, sonido cuadrafónico, animación computada y todo eso, pero básicamente me parece que son menos importantes estas cosas que aquellas.

La quimera del oro
Charlie Chaplin, E.E.U.U., 1925


El acorazado Potemkin
Sergei Einsenstein, U.R.S.S., 1925


Metrópolis
Fritz Lang, Alemania, 1927


Un perro andaluz
Luis Buñuel, Francia, 1929

lunes, octubre 29, 2007

Voto y obligo

Fede, en su comentario a la entrada anterior, me hizo notar con razón que mi última frase podría interpretarse como un apoyo a la idea del voto calificado. Por supuesto, no hay nada más lejos de mi intención; "me pregunto qué sentido tendría votar" se refiere más bien a que, como ya apunté aquí alguna otra vez, descreo totalmente del sistema electoral. De hecho esta vez me plateé seriamente la opción de no presentarme a los comicios, pero el domingo a la tarde me agarró el síndrome del buen ciudadano y fui a hacer dos horas y media de cola para depositar en la urna mi voto nulo; porque el voto calificado definitivamente no, pero el voto no obligatorio cuenta con mi voto.

Algunos me han dicho, juzgando lo que nadie los ha invitado a juzgar, que votar nulo es una especie de irresponsabilidad cívica. Nada de eso: no voto a ninguno de estos diez o quince es una postura tan responsable cívicamente como voto a éste. La última vez que voté válido fue en 1999 para la Alianza (ratifico: no voté a De la Rúa sino a la Alianza), ¿qué pasó? Todos lo sabemos: al año ya no estaba en el gobierno Álvarez, referente más importante para mí a la hora de votar que el suegro de Shakira, y un año después el que sí estaba, como ministro en versión "superpoderosa", había sido al momento de la elección, en cambio, una especie de referente del modelo contra el cual había votado. Después el corralito, el cacerolazo de gente que sólo se moviliza si le tocan su propio bolsillo, la huída aérea y el ejercicio del resto del mandato por quien había perdido aquella elección; bobadas de este sistema. Esa falta de referencia se ha agravado desde entonces y fue muy clara Carrió cuando alguno le reprochó su adhesión a Telerman en las elecciones porteñas: una alianza electoral no tiene por qué basarse en coincidencias ideológicas (no recuerdo las palabras pero ese fue el concepto).

El voto no obligatorio tendría varias ventajas. Por un lado el índice de no concurrencia, que sin duda no sería el mismo en cada acto electoral, sería un guarismo de muy interesante lectura... para quien quisiera leerlo, claro. Por otro lado la ausencia del voto de quien no quiere ni le interesa ni le importa votar no desvirtuaría esa entelequia que llaman "la decisión del pueblo": sólo habría votos positivos, yo voto porque quiero y me interesa y me importa votar a éste y no a otro; a los votos no positivos les dedicaré el próximo párrafo. Finalmente, y más importante, el voto no obligatorio forzaría a los candidatos a hacer que de algún modo el electorado quisiera realmente votarlos; esta última campaña, especialmente, se basó en la consigna de que "ése es peor que yo y, como votar tenés que votar, elegime por menos peor". Patético.

Los ejemplos del voto obligatorio y no deseado son innumerables; he escuchado a una cajera de minimercado decir a su compañera de la otra caja: "Y bueno, votemos por Fulana porque me cae simpática, no como Mengana que me cae antipática"... profundo análisis de la situación política. Sin embargo, tal vez el mejor resumen sea la anécdota que me contó un compañero de trabajo. El viernes me había dicho que su madre le preguntó a quién iba a votar y él le dijo que no estaba decidido todavía, a lo que ella retrucó "cuando te decidas decime así voto lo mismo". Hasta acá, a pesar de que no me parece una forma correcta de elegir, la posición de la madre no difiere mucho de la de tantas mujeres tradicionales que determinan su voto (obligatorio, no olvidemos) según el criterio del marido o en este caso del hijo; y no deja de ser respetable. Por supuesto esta mañana después de los "buenos días" lo primero que le dije fue: "¿Le dijiste a tu vieja por quién votar?" La respuesta fue fantástica. Resulta que el domingo acompañó a su madre al lugar de votación y le dijo que vote por Solanas, la señora entró al cuarto oscuro y después de unos minutos ingresó el sobre a la urna. Cuando se retiraban le dijo a su hijo: "Voté por el que me dijiste, aunque me costó encontrarlo... No sabía que estaba en la boleta de Cristina." "¿Cómo de Crist...? No, Mamá, te dije Sola-nas, no Solá". Así votamos los argentinos cuando estamos obligados.

Después de pasar todo ese rato parado pasé por lo de mi viejo y le pedí que me invitara un vermouth. Le planteé este tema del voto no obligatorio y me dijo que si así fuera votarían sólo cinco y esos cinco decidirían la cuestión. Tal vez... o tal vez no. Quizá en la primera elección con ese sistema votarían 5, en la segunda votarían 5.000 para que no decidieran sólo esos 5 y en la tercera votarían 5.000.000 para que no decidieran sólo esos 5.000; es la forma, creo yo, en que debería desarrollarse una democracia que dijera preciarse: creando motivaciones para la participación y no creando obligaciones bajo amenaza (si no votás te sancionamos).

miércoles, octubre 24, 2007

XXX II

-Tom, mi vida, mamita tiene que estar un momentito sola en el baño.
-¿Para qué?
-¡Para hacer CACA! A mamita le gusta estar sola cuando hace caca, ¿sabés?
-A mí no. A mí me gusta más que me hagan compañía cuando hago caca.
-Pero a mí me gusta estar sola.
-A mí también –intervino Soledad–. Porque yo ya soy grande. Tom es un bebé.
-Yo no soy ningún bebé –aulló Tom.
-Quiero ver cómo mamá se saca la bombacha. Quiero verte los pelitos de abajo –dijo Soledad.
-Yo también quiero ver la concha peluda de mamita –dijo Tom.
-Cuando yo sea grande voy a tener una concha peluda –dijo Soledad.
-¡Pero nunca de nunca vas a tener un pito! –dijo Tom.
-¡Y vos nunca de nunca vas a tener mis años! ¡Por más que cumplas y cumplas años nunca vas a tener mis años! –dijo Soledad.
-Quiero que se vayan –dijo mamá en voz muy baja, temblorosa, amenazadora.
-Y yo quiero verte las tetas –dijo Tom–. Al bebé lo dejas chupar y a mí no.

Fragmento de "Historia de una madre"
de Ana María Shua

Este cuento de Shua, que confieso no haber leído y que según dicen refiere las vivencias de una madre trabajadora, sola con tres hijos y agobiada por su situación, fue utilizado como material de trabajo por una maestra de 7º año en Paraná, Entre Ríos, y el padre de una nena [sic] de 13 años denunció que le estaban dando a su hija literatura pornográfica. Es llamativo que apenas una –y otra más a posteriori- de las páginas que hablan sobre el tema citen el fragmento en cuestión. ¿Para qué? Mejor dejar volar el morbo: business are business and news are news.

Me pregunto desde qué inmensurable distancia interpersonal estará criando este padre a su hija (se lo pregunta el padre de un pibe de 14 y de una piba que en esta semana cumple 11 y con la que nunca hemos evitado hablar de pitos y conchas). Me pregunto en qué clase de enorme nube de pedos vive cierta gente que intenta imponerle su hedor a los demás. Me pregunto qué sentido tendría votar el domingo si mi voto vale estadísticamente lo mismo que el de esta gente.

***

PD del 25/10: Cuando publiqué la entrada los resultados de la búsqueda en Gúguel eran 8 y ahora son 116; y el que aparece en primer término muestra, aunque con las páginas algo desordenadas, el texto completo del cuento. Después de haberlo leído la evaluación del pornográfico fragmento, fuera del contexto general, resulta aún más ridícula.

martes, octubre 16, 2007

Teorema del sexismo

Padre Tiempo, a través de su última entrada, me hizo conocer el atroz experimento de Stanley Milgram. Más allá del mal concepto que mantengo sobre esa supuesta "escuela psicológica", lo único que éste me demuestra es algo que ya sé por simple experiencia vital: la mayoría de la gente (me niego a hablar de porcentajes con muestras menores al centenar de casos, como allí) es peligrosamente estúpida, exageradamente egoísta y/o perversamente morbosa.

Muy lateralmente, asocié esa demostración con un fenómeno que en mi vida social me tiene los huevos al plato: la gran mayoría de la gente es, según la definición que doy al término, sexista; y en el caso femenino no me refiero sólo a las feministas sino básicamente a las muchísimas machistas. Ese sexismo se manifiesta en la mutua discriminación de género en tareas cotidianas que nada tienen que ver con la práctica y el ejercicio de la actividad sexual; v.g.: lavar los platos y coser botones por un lado y cambiar lamparitas y manejar el auto –estando ambas partes de la pareja presentes y disponibles- por el otro. Esa estupidez está tan arraigada que incluso he oído llevarla a límites insólitos, como una hipótesis sobre de qué lado duerme cada uno en la cama de dos plazas: tal parece que eso determinaría (o más bien representaría) quién toma realmente las decisiones en la pareja... increíble, pero real.

Una derivación de esta cultura tan naturalizada que me molesta personalmente es la sentencia, desarrollada muy bien en la comedia When Harry Met Sally (antológica la escena en que Meg Ryan finge un orgasmo en el restaurante) y reproducida hasta el hartazgo en la vida real, sobre la imposibilidad de una verdadera amistad entre un hombre y una mujer; el motivo: el sexo siempre "se cruza" en la relación. Esa afirmación es una verdadera aberración ya que es imposible que el sexo "se cruce" siendo que, lisa y llanamente, siempre está presente. Somos por definición seres sexuados y no hay forma en que yo deje de serlo en ninguna de mis actividades y actitudes; eso no significa que mi sexualidad sea el componente que deba definir, de manera absoluta, a aquellas. Luego de años de intentar explicar infructuosamente (es en vano argumentar frente a la idiotez) que ser amigo sincero y desinteresado de un par de mujeres, sin duda muy atractivas para mí, no sólo me resulta posible sino que me hace sentir muy bien conmigo mismo, esbocé la siguiente teoría que explicaría por qué la mayoría de la gente no me entiende.

Para empezar debemos definir el uso que vamos a darle a los términos "hombre" y "mujer". Acordemos que macho o hembra nacemos, y en eso no hay ningún misterio ni hay mérito alguno por parte del nacido. Hombres o mujeres, en cambio, nos construimos a nosotros mismos a través de un largo (en rigor interminable y por fuerza jamás acabado) proceso de maduración que es duro, difícil y lleno de escollos. Está comprobado que una persona puede vivir muchos años, tener hijos, envejecer y morir sin siquiera intentar empezar dicho proceso. Una mayoría de la muestra en cuestión dice que no es necesario... que al ser interminable no se justifica -aunque muchos ni siquiera llegan a tal nivel de análisis- y que sólo se trata de vivir sin búsquedas ulteriores; es la mayoría a la que me refería en el primer párrafo (ahí se justifica la referencia, que quizá todavía no se entendiera). A efectos prácticos llamaremos a esa mayoría que no tiene interés en dar ni el primer paso en su autoconstrucción "meros machos humanos" y "meras hembras humanas". Atento a esto, se podría representar gráficamente el cuadro social al respecto del siguiente modo:

Así, con esta distribución esquemática, es más fácil entender los criterios y la incomprensión mutua, ya que simplemente se trata de una situación de perspectiva: si nos situamos en uno de los cuadrantes mayoritarios y miramos en derredor vemos que la principal línea de demarcación de identidad es la de género y la madurativa se torna lateral, menor y por tanto menos importante. Si nos ubicamos en los cuadrantes minoritarios ocurre el mismo fenómeno pero con las variables invertidas:

Conclusión: la sentencia de que "la amistad entre el hombre y la mujer no puede existir" es falaz porque se trata de una simple extrapolación de las características del 'mero macho humano' y de la 'mera hembra humana' a los niveles propios del auténtico 'hombre' y la auténtica 'mujer'.

En fin, no sé si todo esto sirva de algo a alguien, pero si Milgram tuvo derecho a hacer lo que hizo bien tengo derecho yo a divagar delirantemente y presentar mis conclusiones bajo una apariencia "científica", máxime cuando no jodo al prójimo, a diferencia de él. Además, me divertí haciendo los gráficos y eso sólo ya basta.