jueves, enero 26, 2006

Influencias inevitables

Ya había tratado este tema antes pero una serie de hechos recientes (entre ellos una admirable coincidencia con el Insociable en la que creo de buena fe) me hicieron pensar de nuevo sobre el plagio. Sigo manteniendo la misma opinión: después de la rueda creo que ya está todo prácticamente inventado y la innovación pasa principalmente por combinar con buen gusto y estilo propio. Sin ir más lejos la otra mañana desperté con este soneto reverberando en la mente y enseguida lo volqué al papel:

¿Cómo es tan largo en mí dolor tan fuerte,
Lisi? Si hablo y digo el mal que siento
¿qué disculpa tendrá mi atrevimiento?
Si callo ¿quién podrá excusar mi muerte?

Pues ¿cómo sin hablarte podrá verte
mi vista y mi semblante macilento?
Voz tiene en el silencio el sentimiento:
mucho dicen las lágrimas que vierte.

Bien entiende la llama quien la enciende
y quien los causa entiende los enojos
y quien manda silencios los entiende.

Suspiros, del dolor mudos despojos,
también la boca a razonar aprende
como con llanto y sin hablar los ojos.

Por la tarde se lo leí a un amigo y me dijo que le sonaba a un tal Quevedo o Kebedo. ¿Quién lo conoce a ese? Debería elegir mejor a mis amistades. Lo único que me resulta extraño es que yo no conozco a ninguna Lisi (sí a una Lizzie pero en el sueño estaba bien claro L-i-s-i) aunque considerando los inescrutables caminos de la inspiración no vamos a andar fijándonos en esas minucias.

PD en serio: 400 años... ¡Qué capo, por favor!

2 comentarios:

El Mono Sapiens dijo...

Otra casualidad, pero de las buenas...
Justo quería expresarte que me gusta un montón como escribís. Ya ni me preocupa el contenido. Es decir, ni sé de lo que estás hablando... (en joda). Pero tenés una forma muy familiera y contagiante de escribir. Entretenidísima. Así que si el Insociable quiere refritar a Quevedo o enamorarse de Lisi, allá ellos...
A mí me dan a un Guiño, a un Cinzcéu, a una Grismar, una Fulana. ¡Y ya nos tomaremos un buen borgoña, atados a las sillas, por las dudas!

Grismar dijo...

Siendo éste el tercer comentario que intento dejar (si es que puedo) me limitaré a una única observación: Quevedo no tenía estos problemas.
(la buena fe es tan sociable)